Un día con Juan Manuel Marcote, técnico de posventa

26 de julio de 2016

¡Te invitamos a que pases un día en Aerzen Ibérica!. Hoy te vamos a mostrar nuestro departamento de posventa. Para que lo vivas sin moverte de casa, hemos hecho un seguimiento a uno de nuestros técnicos de posventa: Juan Manuel F. Marcote. Comenzamos con el primer sonido de la mañana, el despertador…

“7.05 am. ¡Suena el despertador! Es el comienzo del día. Una buena ducha para despertarme y una fruta para el camino. Llego al trabajo sobre las 8 am. y lo primero que hago es encender el ordenador. Me percato de la existencia de nuevos papeles sobre mi mesa, vamos a ver… ¡Bien! Por fin me han pasado el pedido esperado del nuevo eje libre de un compresor. ¡Empezamos el día con buen pie!.

Compruebo el correo, prioritariamente las urgencias (hoy no hay). Hay días que te encuentras, por ejemplo, con una soplante que se ha atascado durante la noche, en una planta papelera. Eso significa que se para la producción con las pérdidas económicas que eso genera. El cliente se ve presionado y necesita una respuesta, una solución. ¡Hay que reaccionar con rapidez! En nuestro departamento de posventa, siempre buscamos soluciones rápidas y eficientes: un equipo de alquiler, una máquina nueva, o una usada reconstituida… ¡Solucionado! Le interesa el equipo de alquiler.

Tiempo para tomarme un café con leche, aunque siempre cae alguna galleta o algo dulce, ya que en la cocina comunitaria de Aerzen Ibérica siempre hay de todo.

Solucionadas las urgencias, repaso las ofertas de reparaciones, de recambios, la gestión de trabajo de los mecánicos, la atención telefónica, proceso los pedidos… Vamos a ver… Tenemos que hacer una asistencia de mantenimiento en Gerona la semana que viene. Tenemos el pedido, compruebo que los recambios han llegado ya, confirmo las fechas y las condiciones con el cliente, el técnico está informado, ¡está todo listo!.

Ahora sólo queda decirle a mi compañera Yolanda, secretaria de dirección, que busque hotel para esos días, e informar a mis compañeras de administración, Patricia y Nuria, de los gastos del viaje.

A media mañana, me bajo a mi mesa un vaso de zumo de uvas (mantiene la circulación sanguínea en forma).

Dos de mis compañeros de taller, Daniel y Mickel, entran con el parte de desmontaje de la GM 35 de una depuradora de Galapagar: hay que cambiarle una placa lateral y los engranajes. Les habíamos ofertado la sustitución de los rodamientos y elementos de estanqueidad, así que ahora toca rehacer la oferta y preparar un informe. ¡Perfecto! Forma parte de nuestro día a día.

Me organizo el trabajo por bloques. El primero es antes de comer, en el que procuro dejarme las cosas más sencillas, ya que es el rato que más me cuesta a esas horas, y el hambre se hace notar. Procuro comer pronto y ligero a mediodía, como verduras, hortalizas, por que si no, la tarde se hace muy pesada. Si el tiempo acompaña, salgo a darme una vuelta para despejar la mente y recrear la vista con los olivos del polígono.

Como suelo estar más desahogado después de comer, aprovecho para “investigar” y tratar de encontrar información para ofertas de recambios de equipos más antiguos, que son las más laboriosas: compresores de frío fabricados en los años 80, soplantes bilobulares de vacío descabalgadas, etc.. Tengo que decir a mi favor, que mi búsqueda nunca es en vano, ya que al final lo encuentro todo.

Hay días que, entre las llamadas y las urgencias, no se puede seguir el guión, así que improviso. Antes de terminar mi jornada laboral, procuro cerrar los asuntos que tenga abiertos, aunque me quede un rato más, así al día siguiente no tengo nada pendiente que sea urgente.

A las 17 pm. nos reunimos, casi a diario, el equipo del departamento posventa y logística para comentar como han ido las cosas, como se han resuelto, como mejorar una reparación… Vamos, que el orden del día queda reflejado en la gran pizarra para que todos estemos informados. A las 18 pm termino la jornada laboral y me pongo en ruta, aunque a menudo me como el atasco (arrg!).

Y cuando traspaso la puerta del trabajo me cambio de ropa y ¡A correr! Corro una hora, más o menos, antes de llegar a casa. Es un hábito que necesito para sentirme bien.

Ya en casa, a cenar algo ligero pero contundente, un rato de tele o lectura… Y es cuando se me cierran los ojos y ¡A dormir que mañana hay que trabajar!.»

Juan Manuel F. Marcote.

Juanma09

¡Un auténtico deportista!

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